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Vlad Draculea

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Vlad III Príncipe de Valaquia, de la casa de Besarabia, llamado a sí mismo como “Draculea” (hijo de Dracul), conocido como “Tepes” (el empalador), nació en Sighişoara (Schlässburg, Transilvania) en torno a 1431. Las crónicas comentan que era un hombre que, a pesar de no ser muy grande, imponía respeto, incluso temor.

Historia:
Era biznieto de Mircea cel Bãtrân, El Grande, un importante cruzado a las órdenes del Sacro Imperio en su lucha contra los infieles otomanos. El padre de Vlad, Vlad II “Dracul”, ingresó en la Orden del Dragón creada por el emperador Segismundo de Luxemburgo, liderada por el gran caballero y poeta serbio Stefan Lazarević. Fue ordenado en Hungría, donde se le apodó Drac (Dragón) y cuando volvió a Valaquia, allí le empezaron a llamar Dracul (Demonio). Hungría por aquel entonces era el centro neurálgico del cristianismo y de la lucha de los territorios orientales contra la invasión otomana que, poco a poco, iba minando la defensa del Imperio Bizantino.

La dinastía de Besarabia estaba dividida por dos grupos familiares, por ello Segismundo le concedió el Gobierno de Transilvania a Vlad “Dracul” donde nació Vlad “Draculea”. De allí, Vlad “Dracul”, cumpliendo nuevamente órdenes del emperador, tomó posesión de Valaquia asesinando al Príncipe de la otra facción.

Hungría quería convertir su influencia en un domino real sobre los territorios orientales de la Cristiandad. Por ello, en 1448, Vlad “Dracul” fue mandado asesinar por el príncipe transilvano Iancu de Hunedoara que conspiraba a favor de los intereses húgaros. Vlad “Draculea” creció en este ambiente.

Tras la muerte de su padre, se dejó capturar por los otomanos para aliarse a ellos. Allí le obligaron a servir en el ejército. En 1452, una vez ganado el favor de los otomanos y tras la caída del Imperio Bizantino, última frontera cristiana antes de Valaquia, Vlad llegó a su principado a través de Moldavia tras aprender mucho de las técnicas otomanas, incluido la tortura por empalamiento que le hizo famoso.

En 1455 luchó en la Batalla de Belgrado, en la que los otomanos sufrieron un traspiés ante las fuerzas cristianas, momento que se aprovechó para que Vlad aprovechara para desvincularse totalmente de los otomanos y que los húngaros, ante la amenaza creciente de los otomanos, aceptara al nuevo Príncipe. No sólo mantuvo su territorio sino que afianzó su control a Transilvania.

Tras alzarse al poder, empezó a consolidarlo, no sólo en el plano externo, internamente mandó empalar a los nobles boyardos, que habían traicionado a su padre, y a sus familiares incluyendo niños y recién nacidos. Sólo dejó vivir a los más fuertes para hacer trabajos forzados. Vlad se había convencido de que el temor inspiraba respeto, y el respeto era el camino para el orden y el triunfo.

El empalamiento se empleó para atemorizar a los invasores y para castigar a los elementos indeseables del principado, instaurando un orden bajo el terror. El empalamiento consistía en ensartar por el recto un listón de madera sin afilar, que se colocaba en posición vertical para que se fuera introduciendo poco a poco por el peso de la víctima.

Los otomanos vieron en Vlad un gran estorbo, sobre todo cuando se negó a pagar el tributo que le debía por vasallaje a estos. Tras tres años de impagos, los otomanos planearon varios intentos de neutralizar al príncipe, todos infructuosos. No sólo eso, sino que, como ya hemos mencionado, consolidó aún más su territorio.

El terror que inspiraba junto a sus tácticas de “Guerra de Guerrillas” que empleaba contra los otomanos, le granjearon una fama que era conocida en los dos bandos. Unos lo querían de aliado, y los otros no le querían de enemigo. Tanto poder empezó a acumular que en Hungría vieron peligrar su hegemonía, así que lo mandaron capturar en 1462.Fue retirar a Vlad de la lucha contra los otomanos y estos ganaron moral y victorias. El príncipe Radu, hermano de Vlad, volvió a dejar el principado en manos otomanas. Hungría se dio cuenta de su error hasta el punto de que en 1475 tuvieron que reponer al Príncipe de Valaquia en su puesto para contenerlos. Y así lo hizo, durante dos años los mantuvo a raya. La situación era insostenible para las fuerzas otomanas así que planearon derrotarle fuera de la batalla.

Al fin consiguieron matarlo, aunque no se sabe bien como. Se cree que le asaltaron unos 20.000 hombres que finalmente acabaron con él y sus 200 hombres de guarda personal. El cuerpo de Vlad fue decapitado y su cabeza llevada a Estambul para demostrar el fin de la pesadilla que el príncipe fue para los intereses otomanos.

Su personalidad:
De él se decía que era cruel hasta el punto de disfrutar con ello. Su afición por el empalamiento era tal que propinaba tal destino a sus enemigos dentro y fuera de Valaquia. No sólo ladrones, asesinos y delincuentes eran empalados, también otomanos, gitanos, vagos, mujeres de moral distraída o herejes eran víctimas de su supuesta fascinación por el dolor ajeno.

El hecho histórico que más puede refutar está crueldad es el empalamiento de los boyardos, el Domingo de Pascua de 1459, que ya hemos mencionado.

Drácula:
Se piensa que Bram Stoker se basó en Vlad “Draculea” para recrear a su personaje, pero como hemos visto no tenían nada en común. Aunque es obvio que el nombre lo cogió de él. Gracias a esta homonimia muchos han visto en la personalidad de Vlad un reflejo de maldad propio del vampirismo del personaje de Stoker. El hecho de ser casi invulnerable hasta que le decapitaron, el vivir en territorio cercanos, su supuesta fascinación por la crueldad.

Pero lo cierto es que es poco creíble pensar que bebiera sangre o que fuera un muerto viviente. A pesar de ello muchos lo creen, lo que ha granjeado al Príncipe una triste leyenda negra que no se puede demostrar pero que fascina a mucha gente amante de la conspiración. Se ha llegado a decir que deambulaba por las noches vagando por su reino, que disfrutaba empalando personalmente a pequeños animales, que fomentaba y practicaba el canibalismo, etc.

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