El catarismo, ¿dónde, cómo, porqué?
Cuando evocamos la palabra catarismo, se nos despiertan extraños sentimientos. Para unos es, simplemente, una herejÃa de la religión cristiana nacida y desaparecida en la Edad Media, para otros fue una excusa polÃtica utilizada por los monarcas franceses para recuperar las tierras que estaban perdiendo en el sur en manos de la Corona de Aragón, para los historiadores, en su afán de rigor, es sólo una página más de la historia, pero, para otras personas, bastantes más de las que nos podemos imaginar, es un fenómeno espiritual y gnóstico que abarca mucho más allá de lo que he descrito hasta ahora.
El origen del catarismo ha provocado muchas controversias entre sus investigadores. Hay quien documenta que tiene sus inicios a partir de la influencia de los bogomilos búlgaros, los cuales basaban sus creencias en la existencia de dos hijos de Dios, Miguel y Satán (el bien y el mal), claramente dualista, y la negación del nacimiento “divino” de Jesús, negaban la validez de los sacramentos y las ceremonias católicas e interpretaban los milagros de Jesucristo en un sentido espiritual y no material.
Otros investigadores conceden su orÃgen en la propia desidia de la Iglesia Católica de aquella época, principalmente en la zona de la lengua de “oc”, donde sus prelados y obispos recibÃan a menudo llamadas de atención desde Roma por su comportamiento, acompañada de la necesidad espiritual de un pueblo que habÃa alcanzado un estatus social de mediano bienestar en relación a las otras regiones que lo rodeaban.
Hay otros investigadores que han definido el origen que los mismos “perfectos” o “puros” (asà llamaban sus seguidores a los predicadores cátaros) daban a su iglesia, basándose en las actas inquisitoriales y cartas que los religiosos católicos se escribÃan entre si o a Roma. Según estos documentos, los hombres de la “gleisa des bons homes e as bones dames” manifestaban ser los herederos directos de los apóstoles y de la primitiva iglesia cristiana. Su único sacramento, el “consolhament”, se realizaba por imposición de manos de la misma forma, decÃan, que lo hacÃan los primeros cristianos.
Tampoco el origen de la palabra cátaro está clara, pues hay varias corrientes que intentan definirla, mientras que para unos proviene de la palabra griega “kazarós” que significa puro, para otros proviene del latÃn “cattus” que significa gato (asociado en ocasiones a los adoradores del diablo en forma de gato), otros al aleman Ketter, que según estos autores significaba “puro”, aunque en el diccionario alemán actual no aparece esta palabra, sin embargo en un documento del 1181 fechado en la ciudad alemana de Colonia por Eckbert von Schönau, se referÃa a unos herejes con la expresión «Hos nostra Germania cátharos appéllat». Sea como fuere ellos nunca se llamaron a si mismo por este nombre, simplemente se definÃan como “cristianos” ya que la “otra iglesia” era la del diablo.
Lo que si está claro es que esta religión, herejÃa o movimiento espiritual, como se le quiera llamar según la creencia de cada cual, que hoy llamamos catarismo nació, se desarrolló y fue vÃctima de una persecución que causó su total destrucción, casi exclusivamente en el sur de Francia y, desde allà se expandió un poco hacia la Corona de Aragón, principalmente los condados de los pirineos, y hacia el norte de Italia, principalmente el Piamonte.
Para definir como nació solo se puede recurrir a la especulación, pues la documentación existente de origen cátaro fue literalmente destruida por la Inquisición. Solo se tienen referencias por algunos escritos que hacÃan referencia a ellos, como el ya comentado de Eckbert o los de diferentes obispos, principalmente el de Tolosa, Folquet, quejándose a Roma de la expansión de la herejÃa.
Algunos autores, como Anne Brenon, historiadora que dirigió en Carcassonne el “Centre d’Études Cathares René Nelli” durante 18 años (1982/1998), sostienen que fue consecuencia directa de la situación de la iglesia católica que provocó el nacimiento de numerosas herejÃas, movidas por el intento de algunas personas, tanto del seno de la iglesa como laicas, de regresar a los primitivos orÃgenes del cristianismo mediante una predicación de los evangélios de forma coherente con las enseñanzas de Jesús.
Otros autores afirman que sus orÃgenes solamente pueden ser consecuencia de las influencias manÃqueas procedentes de oriente, provocadas por el constante contacto de los comerciantes que hacÃan estas rutas en aquella época con las creencias dualistas que allà habÃa establecidas.
En lo que parecen coincidir la casi totalidad de autores es que dificilmente puede ser una herencia directa de los primeros cristianos. Según lo que explicaban los predicadores cátaros, los apóstoles habÃan recibido, por medio del EspÃritu Santo, la purificación. A partir de aquà éstos podÃan purificar a otros hombres mediante la imposición de manos (el consolhament). Cuando una persona recibÃa el “consolhament” debÃa permanecer “pura” hasta el final de sus dÃas. Si esta persona era instruida en el conocimiento podÃa, a su vez, purificar a otras personas, con lo cual se transmitÃa la pureza de unos a otros mediante este sencillo sacramento, pero si en algún momento el “puro” cometÃa algun acto que le “contaminase”, ya no podÃa purificar a nadie más, llegando a ser invalidados los posibles consolhaments que hubiese realizado a posteriori de haber “pecado”. Tras recibir el sacramento del consolhament debÃan seguir unas normas muy estrictas para permanecer puros, como eran las de no comer carne ni ningún alimento procedente de vida animal, mantener una total castidad o renunciar a toda posesión material, entre otras. AsÃ, y siempre según lo que manifestaban los “perfectos” cátaros, se habÃa ido transmitiendo desde el tiempo de los apóstoles esa transmisión hasta llegar a ellos.
Lo que si está claro es que en su forma de vida se regÃan al pie de la letra por estos principios y que solamente estaban obligados a seguir estrictamente esta forma de pureza eran los que habÃan recibido el “consolhament”, mientras que los demás seguidores y creyentes podÃan hacer su vida normal. Era muy común entre la gente del pueblo, los nobles y demás seguidores, pedir el consolhament cuando se encontraban moribundos en el lecho de muerte, pues ya era muy difÃcil dejar de ser “puros” en esta situación o, mejor dicho, era más fácil permanecerlo hasta el final de los dÃas.
Los cátaros puros eran llamados por sus seguidores como “perfectos” o “buenos hombres” (bons homes), también “buenas mujeres” cuando era una “pura”. Al no tener posesiones materiales siempre estaban de camino y vivÃan al aire libre o acogidos en los hogares de sus seguidores, solÃan viajar de dos en dos, el “hermano mayor” y el aprendiz o novicio y su único equipaje consistÃa en una larga túnica negra con capucha para resguardarse de la lluvia, el frÃo o la nieve,y una cuerda atada a la cintura de la que colgaba su “biblia”. Esta biblia, escrita en occitano y no en latÃn, les permitÃa leer directamente las sagradas escrituras en la lengua del pueblo, una de las cosas que les dió rápida popularidad en una época en que en las iglesias solo podÃan oirlas en latÃn que la gente normal no entendÃa. A medida que fue creciendo el número de seguidores y creyentes se empezaron a organizar en zonas parecidas a lo que los católicos llamaban diócesis y se establecieron jerarquÃas, nombrando “obispos” para cada una de las diferentes diócesis. Estos obispos que normalmente eran perfectos ya veteranos, seguÃan sin tener hogar, aunque se empezaron a establecer “casas cátaras”, la mayor parte de las veces pequeñas casas en las ciudades o aldeas cedidas por algún creyente para tal fin, que servÃan de lugar de encuentro y acogida. También se utilizaban como taller donde trabajaban jóvenes o personas sin hogar, a menudo se utilizaban para tejer las telas que vestÃan los propios perfectos trabajando incluso ellos mismos en los telares (en muchas zonas del sur de Francia se les llamaba “tejedores” por este motivo). Sin embargo los perfectos solÃan permanecer solo uno o dos dÃas en esas casas, pues su objetivo era la predicación y siempre estaban en los caminos recorriendo villas y aldeas. Las mujeres perfectas ya era otra cosa, ellas si que solÃan permanecer en las casas y se cuidaban de su mantenimiento, pero no como amas de casa, si no como organizadoras de la misma. También existÃan las casas exclusivas para mujeres.
Cuando se inició la cruzada contra el catarismo, en 1209, la iglesia cátara ya estaba perfectamente organizada y estructurada con Obispos, Diáconos, Hermanos Mayores, Iniciados, seguidores y creyentes, aunque seguÃan sin tener iglesias, catedrales ni conventos, sus únicos edificios eran las “casas” y el único hogar de los perfectos seguÃa siendo el mundo, sus caminos, sus bosques, sus rÃos, y su único techo el cielo, estrellado, soleado o nuboso (hermoso hogar, el más grande que existir pueda).
Se puede obtener información adicional sobre el catarismo y su historia en Catarismo, el Blog, autores del vÃdeo “Viaje al paÃs de los cátaros”:
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